El firmante de la carta,
Carlos Cabanillas, es un compañero de latín que, entre otras muchas cosas, lleva bastantes años luchando día a día con la tiza (y el ratón) en las clases. Sabe de lo que habla cuando se refiere a la
situación de las aulas, con toda seguridad, mucho mejor que cualquier juez de este país.
Quiero destacar una de sus frases: asumo socráticamente la sentencia.
En
Griego II trabajamos la
Apología de Sócrates, de
Jenofonte. Nuestros alumnos saben a lo que se refiere esa afirmación, pues hemos discutido ampliamente la figura de
Sócrates. Quizá nuestros jueces deberían releer (quiero pensar que alguna vez lo hicieron) esa obra (es muy breve, no les quitará mucho tiempo). Sólo copio algún fragmento (adaptado y traducido, ojalá lo entendieran en griego):
Habla Meleto: «Yo sé de personas a las que has persuadido para que te hicieran más caso a ti que a sus padres».
«Lo reconozco», responde Sócrates, «al menos en lo que se refiere a la educación, pues saben que me he dedicado a ello. En cuestión de salud las personas hacen más caso de los médicos que de sus padres, y en las asambleas prácticamente todos los atenienses atienden más a los oradores que hablan con sensatez que a sus parientes. Además, ¿no elegís también como generales, antes que a vuestros padres y a vuestros hermanos, incluso, ¡por Zeus!, antes que a vosotros mismos, a quienes consideráis que son más entendidos en materias bélicas?».
«Así es, Sócrates», dijo Meleto, «porque así conviene y es la costumbre».
«Pues en ese caso», le dijo Sócrates, «¿no te parece también extraño que, mientras que en las demás actividades los que destacan en ellas no sólo alcanzan igual participación sino que reciben honores preferentes, yo, en cambio, por el hecho de que algunos me consideren el mejor en que es el mayor bien para los hombres, me refiero a la educación, me vea acusado por ti en una acusación con pena de muerte?».
Puede ser que hayan pasado más de dos mil años, pero poco parece haber cambiado. Ojalá que se escuchara más a menudo a los verdaderos conocedores del ambiente en las aulas, los que entran allí día a día a luchar por formar personas, y no nos encontremos con más hijos de
Ánito, respaldados por padres y jueces.